Preparados para dar el salto al mundo laboral

En noviembre los 14 alumnos de la Escuela Taller de Hostelería de Estella estarán ya listos para saltar al mundo laboral tras una completísima formación.

 

Han sido 18 meses de aprendizaje en los que han podido conocer muy de cerca el sector, no solo por la formación teórica y práctica que reciben en la escuela, sino también por las diferentes prácticas que están realizando en bares, restaurantes o campings de la zona, tanto en labores de cocina, como en servicio, de cara al cliente.

Tras pasar las pruebas de selección 90 personas, solo quince -todos menores de 30 años- pudieron entrar, aunque serán 14 los que completen el proceso, pues una de las alumnas, al año, logró un contrato estable en el sector y tuvo que dejar las aulas. Los alumnos son Estefanía Atanes, Elisabeth Echeverría, Eneko Farelo, Nahikari Fernández, Ana Belén González, Arrate Izaguirre, Sheila Jiménez, Toño Jiménez, Óscar López, Laura Morales, Izaskun Peña, Arkaitz Peñas, David Tobes y Nerea Urabayen.

Este plan de formación con prácticas profesionales empezó a fraguarse tras crearse un grupo de trabajo entre Ayuntamiento y empresas de la Asociación de Comerciantes, Hostelería y Servicios. Allí se concretó la necesidad de impartir formación teórico-práctica prolongada con alternancia de trabajo real en empresas, recuerda la directora de la Escuela, Sira Cobelas, encargada de redactar este proyecto que subvenciona el Servicio Navarro de Empleo y cofinancia el Fondo Social Europeo.

Veintiún pequeñas empresas del sector apoyaron el proyecto de Escuela Taller de Empleo de Hostelería y ocho firmaron un convenio con el Ayuntamiento para ofertar prácticas en sus negocios y con el compromiso de contratación al año siguiente de finalizar la escuela. Las prácticas empezaron en marzo, con la temporada alta. “Se van rotando por distintas empresas, y la mayoría de los alumnos pasará por dos y algunos incluso por tres. Trabajan en cocina, pero también en servicio de comedor, barra… Y los empresarios están muy contentos”, dice Cobelas, quien tutoriza las evaluaciones semanales con los alumnos y en permanente contacto con las empresas. Concretamente, Bar Restaurante Florida, Bar La Moderna, Bar Pigor, Camping Lizarra, Casa de Comidas San Miguel, The Faculty, Hotel Lur Gorri y La Terraza de Naparbideak.

Lo que se busca con este tipo de formación -en los distintos sectores que ha impartido la Escuela en sus 27 años de historia- es que los alumnos encuentren empleos de calidad y estables, “que cualifiquen el sector en el que les formamos”. Sin embargo, la situación laboral no es fácil, y por eso también adquieren conocimientos de emprendizaje e innovación. “De hecho, de anteriores proyectos de Escuela Taller han acabado formándose empresas en Tierra Estella que continúan, y en este grupo de hostelería podría haber alumnos que también opten por el autoempleo”, agrega.

Para conseguir estos objetivos laborales se imparte formación desde distintas entidades: Laseme, Teder, sindicatos… Y también han participado varios hosteleros. Aprenden sobre seguridad alimentaria o prevención de riesgos, además de obtener el carné de manipulación de alimentos. “Es una formación muy completa”, que incluye además dos ámbitos de la hostelería: por un lado, módulos formativos de cocina con Paz Noguera y, por otro, módulos de servicio de bar y restaurante impartidos por Myriam Manso.

OBRA SOCIAL Paralelamente, la Escuela tiene una obra social “muy potente”. De martes a viernes prepara un menú social para unas 30 personas que se adapta a los productos de la temporada; además elaboran exquisitos aperitivos como en ferias o en las fiestas, y también sirvieron la cena de la Semana Medieval. Cócteles, hojaldres rellenos, profiteroles o tartaletas han entrado en la lista. Y la materia prima se compra en Estella.

Arkaitz Peñas, de 25 años, es uno de los alumnos. “Cuando llegué no sabía apenas cocinar y en este tiempo hemos aprendido mucho, a preparar cosas muy distintas”, explicaba el joven, quien en un principio creía que le iba a gustar más el servicio al cliente, pero ha cambiado de opinión. “Ahora que lo he visto me gusta más la cocina”.

Su compañera Laura Morales, de 29 años y también de Estella, con estudios de ingeniería, vio la oferta y le interesó. “Echando currículums sin formación es muy difícil que te cojan, y aquí te formas mucho, tanto en teoría como en práctica, son 2.700 horas”. En su periplo de prácticas va a pasar por un bar y un restaurante, viendo vertientes del oficio muy distintas.

La que más experiencia tenía de los tres antes de aterrizar en la Escuela Taller era Estefanía Atanes, de 21 años, pues trabajó durante un año en un bar-restaurante. Aún así, valora mucho la experiencia. “He cogido mucha velocidad, técnicas, recetas… Aprendes de todo y las prácticas me están sirviendo mucho también para trabajar de cara al cliente”.

Por su parte, Paz Noguera, profesora de cocina, destaca sobre todo que a la parte teórica se sume mucha práctica, “que al final es la vida real de un trabajo. Se puede decir que los alumnos salen de aquí sabiendo realizar el trabajo correctamente, preparados para el mercado laboral, que es de lo que se trata. También les he intentando inculcar el gusto por la cocina y el no estarse parados; he sido empresaria y sé lo que se busca a la hora de contratar”.

Empezaron aprendiendo lo básico: a cortar, afilar, distintas técnicas de cocina, el lenguaje que se utiliza, y han acabado elaborando platos muy trabajados. “Por ejemplo ahora estamos preparando unos dulces sefardís y hacemos todo, desde la masa”. También resalta la formación que han recibido en campos como la prevención de riesgos o la seguridad alimentaria, “fundamentales” en el oficio.